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Monday, October 02, 2006

La magia terrestre de las figuras geománticas

LA MAGIA TERRESTRE DE LAS FIGURAS GEOMÁNTICAS
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LA MAGIA TERRESTRE DE LAS FIGURAS GEOMÁNTICAS
Sebastián Rubí

Macrocosmos y microcosmos
Como dijera Joscelyn Godwin, «A comienzos del siglo XVII se seguía considerando que el mundo estaba lleno de maravillas y nada parecía imposible. [...] El Renacimiento inglés, si es que cabe esta denominación, había alcanzado su cenit y la época de los "hombres renacentistas" ya había pasado. Robert Fludd fue uno de ellos. Vivió en el propio final de una época en la que una sola mente podía abarcar todos los conocimientos existentes. [...] Su objetivo era nada menos que compendiar lo que se sabía sobre el universo y sobre el hombre –macrocosmos y microcosmos– y las relaciones existentes entre ellos».[1] En este sentido, comenta la lámina del Tomi Secvndi Tractatus Primi, de Roberto Flud, acerca de las artes microcósmicas. Dice así, «Las ciencias del hombre tal como se relacionan con el autoconocimiento psicológico y psíquico».[2] Aparece de forma eminente, la figura humana uniendo el Triángulo Divino con el Mono, como queriendo representar los esfuerzos humanos por imitar la obra de Dios. Estos esfuerzos se representan en esta ocasión mediante el desarrollo de la profecía, la geomancia, el arte de la memoria, la interpretación de los horóscopos, la frenología, la quiromancia y la ciencia de las pirámides. Ésta última, parece ser invento del propio Fludd en un intento de explicar los misterios del hombre en términos macrocósmicos.

El escudo geomántico
Como veremos más adelante, la geomancia tradicional utiliza la interpretación de las dieciséis imágenes del escudo geomántico para adivinar. Primeramente y mediante el dibujo de dieciséis líneas de trazos o puntos en el momento de la consulta, se puede confeccionar posteriormente un escudo con diversas figuras geométricas y que, de acuerdo con la interpretación tradicional de los diversos manuales que han llegado hasta nuestros días, se ofrece al consultante una respuesta a la cuestión planteada. El autor de este tratado sostiene que antiguamente la adivinación se realizaba mediante los cuerpos terrestres o con líneas o puntos hechos sobre la tierra. De aquí, la geo-mancia precise de unas figuras que como también sostiene Cornelio Agrippa, están confeccionadas según los números y ubicaciones de las estrellas, atribuidas tanto a los elementos como a los planetas y los signos: «se las llama Geománticas, porque quienes adivinan mediante la Geomancia reducen a estas figuras los puntos proyectados de su clase, por el excedente de paridad o imparidad».[3]
¿Pero quién es el destinatario de estas mancias? La imagen central sitúa la figura del mono desplazándose a cuatro patas sobre la tierra. En la iconografía cristiana a menudo se representa con ella, al hombre caído. Encima de esta figura central, erguido un hombre, HOMO, que con los pies sobre el círculo del mono, permite el contacto de su cabeza con el triángulo de luz divina. Así las siete ciencias descritas junto al hombre completan la imagen en alusión a la regeneración de éste. Es decir, la creación del hombre es siempre a partir de su estado animal. D. José Amores, tradujo del latín: «El exterior de mi cuerpo fue la figura de mi interior; era el símbolo de la probidad de mi alma».[4]
Los preceptos religiosos no dicen nunca que debamos encontrar la salida o la solución a los enigmas del exilio y de la encarnación, sino que, en todo caso, debemos sólo buscarlos. «Buscadme y vivid» dicen los Evangelios. La Sabiduría, es en este sentido, la salida del exilio. Este mundo no es el mundo para el que hemos sido hechos. Tenemos los dos pies sobre una tierra infernal y simiesca pero no lo vemos, ya que en el exilio todo se presenta a doble filo, disfrazado.
En el Zohar, de la tradición rabínica, se dice: «Dijo Rabí Iohanan: No se ve quien explicó esta palabra como el Rey David, ya que dijo (Salm 104, 29) Esconderás tu faz, serán espantados. De ello se deduce que el Santo, bendito sea, no hace ningún mal al hombre, sino que cuando no mira en El, se destruye por si mismo, ya que está escrito: Esconderás tu faz, serán espantados, les quitarás su soplo, morirán, y después: Enviarás tu soplo, serán creados.»
La creación, es precisamente uno de los temas centrales en la mayoría de los textos sagrados de todas las tradiciones, especialmente, de las monoteístas. Así, que también lo es de la cábala y de la alquimia. Por ejemplo, dice acerca de la creación, Eugenio Filaleteo: «Según la escritura, "Al principio – o según el Tárgum de Jerusalén, 'en Sabiduría' – Dios hizo el agua y la tierra, y la tierra carecía de forma, era vacía y había tinieblas sobre la faz del abismo. Y el espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas." Debes observar en este punto que Dios creó dos principios, la tierra y el agua, y, a partir de ambos, creó un tercero: el esperma o caos. Sobre el agua, o parte húmeda de este esperma, el espíritu de Dios se movía, y según las Escrituras, había tinieblas sobre la faz del abismo. Esto es un gran secreto, por ello no puede ser declarado públicamente según la naturaleza de la cosa; no obstante, se puede contemplar en la obra mágica pues yo mismo he sido testigo ocular de ello.»[5]
Encontramos una idea semejante en el famoso himno: Veni creator spiritus, Ven espíritu creador; porque el hombre ordinario no es una creación para siempre. Su estado actual, imperfecto, necesita de una cierta regeneración. En otro lugar del citado Zohar, se dice: Pero, el hombre, mientras se halla en este mundo no considera ni reflexiona sobre qué se erige, y mira cada día que pasa como si se desvaneciera en la nada. Cuando el alma parte de este mundo no sabe por cuál senda hará la travesía. [...] Porque es la senda que el hombre toma en este mundo la que determina la senda del alma a su partida. [...] Una vez me encontré en una ciudad habitada por descendientes de los ‘hijos de Oriente’, y ellos me impartieron algo de la Sabiduría de la antigüedad que conocían. También poseían algunos de los libros de la Sabiduría de ellos, y me mostraron uno en el que estaba escrito que, según la meta que un hombre se propone en este mundo, así atrae hacia él un espíritu de lo alto. Si se afana por obtener algún objeto santo y encumbrado, atrae ese objeto desde lo alto hacia sí abajo. Pero si su deseo es abrirse camino al otro lado, y hace de eso todo su intento, entonces atrae hacia sí, aquí abajo, desde lo alto, la otra influencia. Dijeron, además, que todo depende de la especie de lenguaje, acción e intención a que un hombre se habitúa, porque atrae hacia sí aquí abajo, desde lo alto ese lado hacia el cual propende habitualmente. En el mismo libro también encontré los ritos y ceremonias pertenecientes al culto de los astros, con las fórmulas requeridas y las orientaciones para la concentración del pensamiento sobre ellas, de modo de acercarlos al devoto. El mismo principio se aplica a quien busca ligarse al espíritu sagrado en lo alto.[6]
Según Emmanuel d'Hooghvorst, la Bendición de Dios es la salida al exilio. Este mundo de exilio también es llamado «desierto» donde el pueblo elegido camina hacia la salida conducido por Moisés. ¿Qué representa el desierto?
El desierto es la ley, la ley que observamos, la ley del hacer y no hacer; el desierto en el que erramos mientras no hayamos encontrado el Sinaí. Este monte simbólico de la narración bíblica es el sentido profundo de la escritura tradicional. La salida de Egipto es la salida del exilio. ¿Cuál es el objeto de la cábala? «Para resumir, diremos que la cábala es el don del sentido de las Escrituras; por ello se comunica, pero no puede enseñarse. [...] Es la reunificación del nombre de Dios. Según la tradición hebraica, en el momento de la trasgresión de Adán y Eva, es decir, de la caída, el nombre de Dios fue partido en dos. El problema consiste en reunificarlo».[7]

Acerca de la predicción
¿Pero cómo es posible que alguien pueda, mediante estas ciencias, predecir acontecimientos? Según R. Fludd, el alma de un cuerpo es su luz principal y allí domina preferentemente a los demás poderes. «Se conduce como el sol en medio de nuestro sistema. Es precisamente el sol del microcosmos que dirige, por medio de sus rayos vivificantes, el cuerpo entero. Por lo tanto, es indudable que ella actúa sobre todo el cuerpo y hasta sobre sus partes más íntimas transmitiendo sus rayos por la criba de los cuatro elementos. [...] Así es como el operador, o más bien su alma puede prever...»[8] C. Agrippa, sostiene con Platón y otros autores que: Todas las Adivinaciones efectuadas por Azar y todas las predicciones sobre acontecimientos humanos, tienen, además de la suerte, una causa sublime oculta o encubierta que, en verdad, no es accidental, como definiera Aristóteles a la fortuna. Debido a que en el orden de las causas (visto que según la doctrina de Platón una causa accidental no puede ser la primera y suficiente para el efecto) hemos de observar más alto y hallar una causa para la suerte que conozca el efecto mismo y que lo tenga en la intención.[9]
Difícil de precisar son los orígenes de la geo-mancia o ‘adivinación por la tierra’, ciencia a la que René Guénon denomina ‘geografía sagrada’. Se pierden en alguna zona del Asia central mucho antes de utilizarse en Persia y en los pueblos semíticos de oriente. Al parecer es ‘una herencia de la época neolítica, conocida por los celtas, de Roma y de Bizancio’ (Chevalier y Gheerbrant), esta ciencia simbólica era primitivamente utilizada en China como hing-fa, ‘arte de las formas y las situaciones’ (Lionnet). La tradición musulmana ha destacado en su uso e interpretación, pues encontramos por ejemplo referencias en los cuentos de Las mil y una noches. Muestra de ello son las ediciones Guy Trédaniel[10] del tratado práctico y el diccionario de interpretación geomántico del Cheikh Hadji Khamballah.
Es posible que desde sus orígenes, en occidente, la geomancia tuviera el mismo sentido etimológico actual pues está formado por dos palabras griegas gé, ‘tierra’, y mantéia, ‘adivinación’. La etimología, revela así el modo operativo de esta mancia por oposición a la astrología que es la ciencia de los signos celestes. Por lo tanto se trata de la interpretación de los signos de la tierra, costumbre primitiva que consistía en trazar puntos o rayas en la arena o en el polvo del suelo. Hoy se practica con lápiz y papel.
Como muchas de las ciencias tradicionales ha sufrido períodos de persecución y olvido. En el Tesoro de la Lengua Castellana o Española según la impresión de 1611, Sebastián de Covarrubias dice: «Geomancia. Adivinança por la tierra, este género de adivinación con los demás está vedado y condenado.»[11] Al lector interesado, no debe extrañar la escasez de ediciones castellanas, o que en todo caso, hayan de consultarse publicaciones en otras lenguas, como sea en árabe o francés.
Según C. Agrippa, hay cuatro elementos de los que debe existir necesariamente un conocimiento perfecto para operar cualquier cosa relativa a la magia, dice: Los Elementos mismos nos predicen diferentes sucesos de donde provienen estos cuatro famosos géneros de adivinaciones: la Geomancia, la Hidromancia, la Aeromancia y la Piromancia, que tomaron su nombre, de cuya posesión se jactaba en Lucano aquella hechicera: La tierra, el aire, el fuego, el mar, las llanuras y rocas de Rhodope, dirán la verdad. La primera es pues la Geomancia que predice las cosas futuras a través de los movimientos de la tierra, de sus ruidos, temblores, separaciones, degluciones, exhalaciones y otras impresiones, cuyo uso fuera enseñado por el árabe Almadel. Pero también hay otra clase de Geomancia, que se adivina a través de puntos inscritos y marcados en cualquier declive en tierra, de cierta manera y con determinada fuerza, que no es nuestra actual especulación; sin embargo, hablaremos en seguida de sus efectos y especies.[12]
La nota de introducción sobre las figuras geománticas presentadas en el tratado de R. Fludd dice: «A primera vista, las figuras usadas en geomancia pueden parecer extrañas. Como todos los tratados de este arte fueron escritos en una época en que se acostumbraba consignar en los libros, las fórmulas de la ciencia pero su clave se ha perdido. Sin embargo, no es imposible recuperarla.» El propio Fludd expone a lo largo de su obra[13] el principio interior de la geomancia, o como la denomina él, la astrología terrestre, destacando la preparación psíquica del consultante, la producción de figuras geománticas y el estudio de las mismas.
Al igual que la astrología, fundamenta la interpretación sintética de un tema consultado a partir de la combinación de los cuatro elementos tradicionales, fuego, aire, agua y tierra; para formar 16 figuras interpretativas. (4 x 4 = 16).
Estas figuras permiten construir un escudo geomántico cuyas primeras doce casas se relacionan con los doce signos del zodíaco y por consiguiente deberán interpretarse de manera astrológica. Es decir, la astrología utiliza los doce signos del zodíaco a partir de estos cuatro elementos y la división ternaria: cardinal, mutable y fijo, (4 x 3 = 12) deduciendo un significado interpretativo. Así, la geomancia, ciencia hermana de la astrología, puede verse enriquecida y confirmada por aquellos que ya conocen la simbología planetaria y zodiacal.
Para Charles d'Hoogsvorst[14], la teoría geomántica como la astrología o la alquimia, describen las diversas operaciones y pasos que debe seguir el adepto del arte, porque esconden la misma descripción del llamado arte sagrado tradicional. Según el Mensaje Reencontrado de L. Cattiaux [15], «Lo cálido y lo seco animaron aden­tro la joven luz de Dios, y lo frío y lo húmedo la manifestaron afuera; siete veces el fuego interior dividió al Único y las estrellas aparecieron en su orden.»


Consulta y procedimiento
El consultante debe situarse en un lugar tranquilo y escribir la pregunta concreta sobre la cual versarán las figuras geométricas resultantes así como la fecha. Después, preferentemente mirando al sur – o según otros autores como Hadji Khamballah, mirando al norte –, dispondrá sobre una hoja de papel un conjunto de trazos o puntos, no menos de 7 y no más de 21 por línea horizontal, formando con cada cuatro líneas, cuatro conjuntos.
Después de anotar la suma total de dichos trazos o puntos, cuando se obtenga un número impar se dibujará una estrella y para un resultado par, dos estrellas. Por ejemplo:

/////////////// suma 15 = *

/////////// suma 10 = * *

Es decir, las figuras que resultan de estos cuatro conjuntos de cuatro líneas de trazos cada uno, permitirá obtener las cuatro primeras casas del tema. Seguidamente se procede a preparar el escudo geomántico completo.

Sobre el simbolismo de las figuras geománticas
Tres figuras constituyen la base de toda la simbología geomántica. La línea recta, el cuadrado y el triángulo equilátero aparecen en todos los tratados de la antigüedad, dado que son las figuras más simples de la geometría plana. Las tres figuras representan:

el binario el ternario el cuaternario

El círculo que contiene sintéticamente estas tres figuras corresponde al símbolo de la unidad.
La línea recta puede ser horizontal o vertical. En el primer caso representará el principio pasivo y el segundo el principio activo. El triángulo que está con la punta hacia arriba, dado que la punta define el punto del círculo que le ha engendrado, representa el ternario evolutivo y el triángulo con la punta hacia abajo representa el ternario involutivo. El cuadrado representa el cuaternario pasivo y un cuadrado colocado como un rombo representa el cuaternario activo.
La geomancia utiliza la línea recta perpendicular, el triángulo con la punta hacia arriba, el triángulo con la punta hacia abajo y el cuadrado:




Según algunos tratados estas cuatro figuras representan las cuatro letras hebreas del nombre sagrado:




Estas cuatro posibilidades se pueden expresar con puntos de modo que obtendremos:






Los cuatro elementos
Como acabamos de exponer, las combinaciones de los cuatro elementos tradicionales son la base de la geomancia, en relación con la astrología y la alquimia. Según el orden natural de Fuego, Aire, Agua y Tierra, estos cuatro elementos se combinan como un alfabeto. Decía L. Cattiaux[16] que los cuatro elementos eran un alfabeto «con el que Dios enseña a los hombres clarividentes».[17]



Agua Tierra Fuego Aire

* * * * * *
* * * * * *




Cada figura geomántica presenta 4 líneas y un elemento está representado por 2 líneas. En este caso el número cuatro cobra significación. En una carta, L. Cattiaux, dice: «El número de los nombres de Dios asciende a doscientos cincuenta y seis, y están formados por las distintas combinaciones de los elementos.»[18] Es decir, de los cuatro elementos: 4 veces 4 = 4 x 4 x 4 x 4: 256.
Según C. Agrippa: «Los pitagóricos llaman Tetracto al número cuaternario y lo prefieren a todas las virtudes de los demás números».[19]
L. Cattiaux, en otro lugar, dice: «Los cuatro elementos engendran el esperma por la voluntad de Dios y por la imaginación de la naturaleza».[20]
Y también: «La naturaleza y los antiguos sabios enseñan casi al descubierto los secretos divinos, pero sólo Dios es quien da su comprensión. El conocimiento procederá adentro por tres veces: el agua aparecerá la primera, el fuego después, finalmente, el agua y el fuego se unirán en Dios.»[21] En el comentario de Piel de Asno, E. d’Hooghvorst se dice de ‘Los tres vestidos’: «Bendiciendo la química de los filósofos, se leerá los colores de los vestidos, todos tejidos con un mismo hilo, como Aire, Agua y Tierra. No es más que una única materia según se condense o se rarifique bajo la acción del fuego. Hacer el agua del aire y la tierra del agua, dicen no es una labor muy pesada para quienes saben, pues esta química no es más que un juego de los elementos».[22]
También, en este mismo sentido, Eugène Philalèthe dice: Pues es Vulcano o el sol terrestre quien hace remontar el agua hacia las regiones del aire, de este modo el agua se derrama sobre los fuegos superiores, pues ella es expuesta a las influencias del sol y a las emisiones que todas las estrellas fijas y los planetas dirigen sobre ella, y esta, en un cuerpo desnudo, rarificado y abierto. El aire, en verdad, es un templo en donde los inferiores se casan con los superiores, ya que éste es el lugar sobre el cual la luz celeste desciende y se une a la humedad aérea oleosa, que se esconde en las entrañas del agua.[23]
Basilio Valentín afirmaba en su interpretación cabalística de la figura parabólica del Anciano[24]: «Visita el interior de la tierra y rectificando encontrarás la Piedra Oculta». El Cubo de Naturaleza, de seis lados. Según la nota de C. del Tilo, Visita Interiora Térrea Rectificando Invenies Occultum Lapidem. Las iniciales de cada una de las palabras forman el término VITRIOL.
La geomancia tradicional combina los cuatro elementos entre si para componer 16 figuras: Acquisitio ‘adquisición’, Conjunctio ‘conjunción’, Amissio ‘pérdida’, Fortuna major ‘fortuna mayor’, Fortuna minor ‘fortuna menor’, Laetitia ‘alegría’, Tristitia ‘tristeza’, Puella ‘muchacha’, Puer ‘muchacho’, Rubeus ‘rojo’, Albus ‘blanco’, Carcer ‘cárcel’, Caput Draconis ‘cabeza del Dragón’, Cauda Draconis ‘cola del Dragón’, Populus ‘pueblo’, Via ‘via’.
El manual de geomancia de mediados del siglo XX de Dom Néroman, Ingeniero Civil de Minas, destaca por ser un completo manual[25] en el que se aportan gran cantidad de datos simbólicos para la interpretación del estudioso de esta ciencia, así, como la comprensión de los arcanos numéricos asociados a cada figura geomántica.
Describiremos la significación relacionada con la composición de cada figura. Antes, creemos oportuno recordar la gran similitud de este sistema con el antiguo I Ching[26] de la tradición china, tanto en su aspecto formal de composición de figuras llamadas hexagramas como por su método de proceder. Cada oráculo está precedido de un tiempo de concentración para que el consultante pueda realizar una composición según el azar del momento que corresponde a la pregunta.
Ciertas tradiciones musulmanas atribuyen a las distintas partes del cuerpo humano las diversas figuras geománticas. Ver la figura: L'home géomantique.[27]


Confección del escudo geomántico
Al observar algunas diferencias simbólicas en la interpretación del escudo geomántico centraremos los comentarios según el esquema propuesto por Hadji Khamballah.[28] Las cuatro primeras casas constituyen las madres del tema. Éstas, darán nacimiento a cuatro hijas, origen de las figuras 5, 6, 7 y 8, formadas gracias a todas las partes de las madres.
Así, el conjunto de casas del escudo constará de: I, II, III, IV - Madres; V, VI, VII, VIII - Hijas; IX, X, XI, XII - Sobrinas; XIII, XIV - Testigos; XV - Juez y Figura 16. Vemos que se obtienen siempre según un procedimiento idéntico en cada caso. Por ejemplo la primera sobrina deriva de las dos primeras madres; su cabeza se obtiene por la combinación de sus cabezas, etc.
Aunque algunos autores no la consideren imprescindible puede confeccionarse una decimosexta y última figura, que resuma todo el tema, como resultado de la reunión del juez y de la primera madre. De este modo, dispondremos de todas las figuras del escudo geomántico.

Las figuras geománticas
Los diferentes tratados consultados no siempre presentan bajo los mismos nombres a las 16 figuras geománticas. Como acabamos de señalar, L. Cattiaux afirmaba que el sentido tradicional de las figuras depende de los cuatro elementos: «El que lea hasta el final el Libro de los contrarios y sepa unirlos en el nombre único, doble, cuádruple y óctuple parecerá Sabio a los Sabios, santo a los santos y loco a los locos.»[29] Seguidamente ofrecemos la tabla de figuras geománticas relacionadas con los elementos, planetas y signos zodiacales de C. Agrippa[30]:

Astrología y geomancia
Diversos autores sitúan en tiempos muy remotos el origen de la ciencia de los astros. Se han encontrado inscripciones sirias de la época del Rey Asurbanipal y existen observaciones hechas por los hindúes que pertenecen a períodos de millones de años. Para los antiguos, astronomía y astrología formaban una misma ciencia. En nuestra cultura debemos su desarrollo, en gran medida, a la tradición musulmana que a su vez recogió la astrología griega procedente de Egipto. Por ejemplo los puntos o partes - que han de calcularse para cada tema específico y que no corresponden a ningún punto real como el de los planetas del zodíaco - son denominados puntos arábigos. La creación de estos puntos - Rueda de la fortuna, comercio, amor, pasión etc. - demuestra que los árabes comprendieron el valor profundo de las casas solares, basando su existencia en el grado del Sol como el ascendente, y estructurando desde allí las doce casas que consisten en arcos sucesivos de treinta grados, de gran trascendencia para una precisa interpretación del tema astrológico.
Las figuras geománticas se relacionan con los signos del zodíaco, las casas astrológicas y los cuatro puntos del tema (ASC, DESC, MC y BC):


I - Acquisitio 'adquisición': Géminis. Casa III.
II - Amissio 'pérdida': Sagitario. Casa IX.
III - Laetitia 'alegría': Leo. Casa V.
IV - Tristitia 'tristeza': Acuario. Casa XI.
V - Caput Draconis 'cabeza del Dragón': 0º de Aries. Ascendente, ASC.
VI - Cauda Draconis 'cola del Dragón': 0º de Libra. Descendente, DESC.
VII - Albus 'blanco': Tauro. Casa II.
VIII - Rubeus 'rojo': Escorpio. Casa VIII.
IX - Puella 'muchacha': Libra. Casa VII.
X - Puer 'muchacho': Aries. Casa I.
XI - Fortuna major 'fortuna mayor': 0º de Capricornio. Medio del cielo, MC.
XII - Fortuna minor 'fortuna menor': 0º de Cáncer. Bajo cielo, BC.
XIII - Populus 'pueblo': Capricornio. Casa X.
XIV - Via 'via': Cáncer. Casa IV.
XV - Conjunctio 'conjunción': Virgo. Casa VI.
XVI - Carcer 'cárcel': Piscis. Casa XII.

Alquimia y geomancia
Una lectura de las figuras geománticas y de su simbología permite vislumbrar que se trata de una descripción de la gran obra alquímica. Un secreto muy bien guardado bajo el velo de la mancia terrestre que se refiere a la regeneración del hombre y a los enigmas de su restitución.
Como se ha comentado, los filósofos de la alquimia afirmaban que de la mezcla de los cuatro elementos, Fuego, Aire, Agua y Tierra, resulta la diversidad de todas las cosas. Pero la alquimia que no está consagrada a Dios comporta algunos riesgos. Según Pernety puntualizando sobre los peligros que acechan a los buscadores de este arte, dice: Como dice Morien al rey Calid: "Aquel que lo posee todo no tiene necesidad de nada" (antes bien) dan parte de sus bienes a quienes están necesitados. No venden nunca su secreto, y si comunican el conocimiento a algunos amigos, no será más que a aquellos a quienes creen dignos de poseerlo y de hacer uso según el buen placer de Dios.
Conocen la Naturaleza y sus operaciones y se sirven de estos conocimientos, como dice San Pablo, para llegar al del Creador. Léanse sino las obras de Hermes Trismegisto, su jefe, las de Geber, Morien, las de San Ramón Llull, las del Cosmopolita, las de d'Espagnet y las de tantos otros Filósofos Alquimistas: no hay ni uno solo que no predique sin cesar el amor de Dios y del prójimo, que no declare contra los falsos alquimistas, que no publique claramente que los procedimientos de la verdadera Química, o Alquimia, son aquellos mismos que Naturaleza emplea, aunque abreviados con el socorro del Arte y absolutamente distintos de aquellos que están al uso en química vulgar.[31]
Titus Burckhardt, en un comentario sobre el arte musulmán dice: Hemos comparado a este arte con la alquimia, que como bien se sabe tiene como objeto la transmutación, [...] la alquimia no es otra cosa que el arte de trasmutar [...] el cuerpo ha de hacerse espíritu, dicen los alquimistas, `para que el espíritu se haga cuerpo'. Por analogía se puede decir que la arquitectura musulmana transforma la piedra en luz, la cual a su vez, se cristaliza.[32]
Es una definición que presenta ciertamente una correspondencia de una belleza indiscutible pero que puede comportar algún riesgo para el buscador que desconoce los pasos en la transmutación, de qué cuerpo se trata o a qué espíritu se refiere. L. Cattiaux en una carta decía: Tienes razón no dejándote extraviar por la interpretación mística de las verdades herméticas. Descubrirás cada vez más y también cada vez con mayor sorpresa, que los hermetistas verdaderos son los únicos materialistas dignos de ese nombre. Ya que los peores materialistas de este mundo parecen idealistas desencarnados a su lado. El misterio de Dios encarnado es tan asombroso que muy pocos pueden acceder a él sin peligro de muerte. Se puede decir que un hermetista es absolutamente lo contrario de un soñador, ya que uno sueña a Dios y el otro ¡le toca!. Hay una guarda extraordinaria alrededor de los misterios de la "realidad", sin embargo, la vía mística debe acompañar a la vía hermética a fin de que la unidad se realice en nosotros.
Pareces falto de paciencia y es grave, ya que la fe y la paciencia tienen fama de ser las cualidades más exigidas por este Arte.
De lo que habla Hermes Trimegisto es del Mercurio crudo y libre. Este es el que se ha de concentrar y corporificar a fin de hacer de él la piedra de los sabios. El Mercurio crudo y libre es, en efecto, todo lo que se quiera, como el maná. Algunos individuos tienen la facultad de modelarlo por la imaginación y la voluntad, se trata de la fuerza de los médiums que produce tantos fenómenos extraños y efímeros.
Casi todos los que yo conozco desvarían en la interpretación mística, otros se hunden en la crisopeia, muy pocos saben unir estos puntos de vista opuestos.
Me he permitido ilustrar esta carta con algunas citas del Mensaje para hacerte ver que bastaría con leerlo y meditarlo seriamente. Cuando tus ojos serán abiertos, ¿qué habrá de más claro que la palabra inspirada de las escrituras santas?
Meditarás aún durante años y años sobre estas cosas hasta rozar la locura, finalmente, deberás operar a ciegas sobre mil cosas extrañas hasta rozar de nuevo la locura, y después, descorazonado, te tumbarás al suelo como un andrajo, ¿quizás en ese momento te llegará la suerte? Pero estarás enfermo de amor y de desesperación. Y si entonces llegaras a encontrar, después de sufrir mil martirios y mil agonías, serías privilegiado sobre los grandes santos de la cristiandad y del Islam. ¡Examina, pues, ahora mismo tus posibilidades antes de correr tal riesgo!
En resumen, la vía mística y la vía hermética se complementan pero no se mezclan. Sin embargo, la enseñanza mística y la enseñanza hermética siempre están mezcladas en los grandes textos de los sabios ya que van a la par.[33]
En este sentido, veamos qué señala Charles d'Hoogsvorst sobre los efectos y cualidades de los cuatro elementos, base de la geomancia, en relación con la astrología y la alquimia: Tenemos aquí pues, las combinaciones de los 4 elementos de los cuales los Filósofos herméticos hablan a propósito de su Gran Obra. [...] En cuanto a los 4 elementos, citemos otra vez a nuestro cabalista francés, Blaise de Vigenère en el mismo tratado: «Los cuatro elementos de los cuales todo está constituido, consisten en cuatro cualidades: cálido, seco, frío, húmedo, cada una de ellas, acoplada en cada elemento: la tierra, de frío y seco; el agua de frío y húmedo; el aire de húmedo y cálido; y el fuego de cálido y seco. El fuego, por este último (seco), se junta con la tierra. Así pues, los elementos son circulares, tal como dice Hermes; cada uno está rodeado de otros dos, con los cuales concuerda. es decir: la tierra concuerda con el fuego y el agua; con el fuego por medio de seco, y con el agua por medio de frío. Y así el resto».
Así los cuatro nos conducen naturalmente a los tres. (La división ternaria de los signos astrológicos: cardinal, mutable, fijo). Esta división corresponde a la triple constitución de todos los compuestos naturales, llamada: alma, espíritu, cuerpo, o en la terminología alquímica: azufre, mercurio, sal.

Sal (la materia) compuesto de: tierra = seco - frío
Cuerpo (Fijo) agua = frío - húmedo negativo

Mercurio (el intermediario) compuesto de: agua = frío - húmedo
Espíritu (Mutable) aire = húmedo - cálido

Azufre (la forma) compuesto de: aire = húmedo - cálido positivo
Alma (Cardinal) fuego = cálido - seco

El Mercurio, el medio que une el azufre con la sal, participa del azufre por el aire (húmedo) y de la sal por el agua (frío). Sin el mercurio, estos dos extremos, azufre (alma) y sal (cuerpo) no podrían unirse.
Los Filósofos químicos afirman que de la mezcla de sus cuatro elementos resulta la diversidad de todas las cosas, de tres modos diferentes:
1. La acción del fuego sobre el aire: el azufre.
2. La acción del aire sobre el agua: el mercurio.
3. La acción del agua sobre la tierra: la sal.
Así pues, parece evidente que los cuatro elementos de la Tradición, no son los que el hombre toca y ve cada día.[34]
Emmanuel d'Hooghvorst, a propósito de la tercera edición española del Mensaje Reencontrado de Louis Cattiaux dice:
Este libro es el mensaje de un vino[35] bebido sabiamente riendo. Es una mántica pastor de los amigos de un viviente. Isis, luz escondida a la ciencia sin cocción, se alumbró este fruto.
La Edad nueva me ha bendecido, exclamó este elegido encerrado en silencio, y mi libro ligado por Hermes se leerá el Arte asido. Tal es el secreto de este libro que habla púdicamente del Arte que calla a la avaricia.
¡Oh ídolo detestado que da estupor, que marca esta edad de hierro sin estrellas ni profetas bendecidos! ¡Oh pecado mortal que hiela la edad de oro en pasión siniestra! ¡Que un buen Ave te traiga sol incubado! ¡Salud! ¡Siglo nuevo anunciado por este libro raro en sabiduría química!
¡Qué Poeta. éste que osa bendecirse con un buen vino, que le embriaga así de un sentido que suena claro! [36]
Algunos versículos de L. Cattiaux, hablan de los elementos tradicionales de la sabiduría química: La reunión de los cuatro elementos forma la quinta esencia, raíz de la luna y el sol. II, 72'. El reposo de Dios se establece en la pureza cuando los elementos están unidos en un perfecto equilibrio. III, 26. Antes del comienzo todo permanecía en el reposo de las duras tinieblas de la muerte. El fuego, al despertarse en el agua, ordenó el caos, y los cuatro elementos engendraron el espíritu viviente del Universo. IV, 25'.
El que lea hasta el final el Libro de los contrarios y sepa unirlos en el NOMBRE único, doble, cuádruplo y óctuplo parecerá Sabio a los Sabios, santo a los santos y loco a los locos.
Así, muchos han disertado magníficamente acerca de Dios, de sus atributos y de su creación, pero ¿cuántos han entrevisto el extremo de su ropaje y cuántos han besado la huella de sus pasos?. Pero ¿cuántos, entonces, han contemplado el esplendor de su cuerpo y cuántos, ¡oh, estupor!, han saboreado las delicias de su corazón? XIII, 38'.
La Providencia de Dios se manifiesta preferentemente por mediación de los creyentes de buena voluntad; pero puede excepcionalmente actuar por medio de los espíritus o incluso directamente combinando los elementos primordiales. XX, 46. Alfabeto de los profetas. Letania, 122 del Mensaje Reencontrado de L. Cattiaux.

La practica geomántica
La astrología, al igual que sucede con la psicología moderna, necesita de un especialista que estudie nuestro caso y nos proponga soluciones a las cuestiones planteadas. Por lo tanto la astrología necesita acumular estudio y experiencia interpretativa en el análisis del horóscopo personal. El consultante siempre estará en dependencia del astrólogo. Creo sinceramente que la gran ventaja que ofrece la geomancia tradicional, en relación a otras ciencias como la astrología, consiste en el hecho que es una ciencia que cualquier persona con un poco de tiempo, un lápiz y un papel, puede practicar. Eso sí, siguiendo paso a paso el manual interpretativo escogido. Acceder a una interpretación puede ser rápido, justo en el momento que lo necesitamos y sin necesidad de intermediarios. Es una ciencia que también puede ayudar personalmente, según el tiempo de estudio dedicado, a la interpretación de los arcanos simbólicos de otras mancias tradicionales. La práctica de las ciencias tradicionales esconde un sentido trascendente de la vida dado que han sido fundadas por sabios conocedores. Las antiguas ciencias humanas representaban en cierto sentido, un esfuerzo por imitar la obra de Dios. Por eso, como ya se ha visto en la portada del Tractatus Detechnica Microcosmi historia, de R. Fludd, aparece la figura humana uniendo el triángulo divino con el mono central. Éste último, representa al hombre caído y su esfuerzo por imitar la santa obra.
Para concluir finalizaremos con unas palabras de Charles d'Hooghvorst: La ciencia que la Tradición nos ha transmitido a través de los siglos es una, y se refiere siempre a lo mismo; al hombre y a su Secreto escondido.
Es lo que los griegos han querido enseñar, con el mito de Edipo y la Esfinge. Este monstruo alado tenía la cabeza y el busto de muchacha, el cuerpo de perro, las garras de león y la cola de dragón. Devastaba los alrededores de la ciudad de Tebas, matando a los viajeros, que no podían explicar los enigmas que les proponía.
Edipo, príncipe de Tebas, decidió enfrentarse con la Esfinge y su enigma a fin de vencerla. Y la pregunta del monstruo fue: ¿Cuál es el animal que, por la mañana tiene cuatro patas, a mediodía dos, y por la tarde tres? Edipo contestó que este animal era el hombre, porque en la mañana de su vida anda a gatas, en el mediodía anda sobre sus dos piernas, y en su vejez necesita un bastón, que viene a ser como una tercera pierna. Así Edipo venció la Esfinge y liberó a su pueblo.
Tal es el enigma que tenemos que resolver así como Edipo: ¿quién es el hombre? Este gran enigma no lo podemos olvidar, aunque huyamos a la isla más desierta del mundo, aunque huyamos sobre la Luna.[37]
Dante, en su Divina Comedia dice del geomante: «A la hora en que imposible es al diurno calor templar el frío de la luna, vencido por la tierra, o por Saturno; cuando el geomante su Mayor Fortuna,[38] antes del alba, mira en el Oriente surcar su vía poco tiempo bruna; vi en sueños una hembra balbuciente, con ojos bizcos y con pies virados, con manos mancas y con color muriente.»



[1] Robert Fludd, Claves para una teología del Universo, Editorial Swan, S.L. Avantos & Hakeldama, Madrid, 1987, p. 15.
[2] Ibídem p. 151.
[3] Filosofía Oculta, Ed. Hecate, Buenos Aires, 1982, p. 226.
[4] Kempis Mariano, Ed. Juan Roca y Bros, Barcelona, 1873, p.18.
[5] «Lumen de Lumine», in Oeuvres complètes, ed. La Table d'Émeraude, París, 1999, p. 324.
[6] Versión castellana del Zohar de León Dujovne, Ed. Sigal, Buenos Aires, 1972, p. 281.
[7] El Hilo de Penélope, Arola ed. Tarragona, 2000, p. 260.
[8] Tratado de geomancia, Ed. Lidium, Buenos Aires, 1992, p.17
[9] Filosofia oculta, Ed. Hecate, Buenos Aires, 1982, p.239.
[10] La Géomancie traditionnelle - Traité pratique d'enseignement et dictionnaire d'interprétation géomantique, Éditions Véga - Guy Trédaniel, Paris, 1985.
[11] Tesoro de la Lengua Castellana o Española, según la impresión de 1611, Editorial AltaFulla, Barcelona, 1987, p. 637.
[12] Ibídem, Filosofía... cit., p. 91.
[13] Tratado de geomancia, Ediciones Lidiun, Buenos Aires, 1992. y en francés, Traité de Géomancie, Éditions Dangles, Paris, 1947.
[14] «Astrología», Revista Extrajoblanco, nº 16, Barcelona, 1979, p. 60.

[15] El Mensaje Reencontrado, Arola Editors, Tarragona, 2000: IV, 26'.
[16] El Mensaje Reencontrado, XIII, 38'.
[17] Ibídem V, 49'.
[18] Florilegio Epistolar, Arola Editors, Tarragona, 1999, carta 187, p.124.
[19] Ibídem, Filosofía... cit., p. 131.
[20] «Manuscrito HEL'OUIA, Versículos alquímicos recopilados por Louis Cattiaux», LA PUERTA, nº 52, Barcelona, 1997, p. 61.
[21] Ibídem, El Mensaje... cit., VI, 19.
[22] Ibídem, El Hilo... cit., p. 204.
[23] L’Euphrate ou les Eaux de l’Orient, in Oevres Complètes... cit., p. 492.
[24] Véase El Azoth de los Filósofos en Imágenes Cabalísticas y Alquímicas, colección LA PUERTA, Noviembre 1999, Arola Editors, Tarragona, p .30.
[25] La Géomancie Retrouvée, Ëditions Sous Le Ciel, Paris, 1952.
[26] I Ching, El Libro de las Mutaciones, Ed. Edhasa, Buenos Aires, 1978.
[27] Hadji Khamballah, Géomancie traditionnelle, Guy Trédaniel Éditeur, Ed. Véga, Paris, 1985, p 32.
[28] Véase ibídem, p 8.
[29] Ibídem, El Mensaje... cit., XIII, 38'.
[30] Ibídem, Filosofía... cit., p. 227.
[31] Dom Antoine-Joseph Pernety, Diccionario Mito-Hermético, ed. Indigo, Barcelona, 1993, p. 52.
[32] Titus Burckhardt, El Arte del Islam, Ediciones de la Tradición Unánime, Palma de Mallorca, 1988, pp. 71 a 72.
[33] Ibídem, Florilegio... cit., Carta 292, p. 164.

[34] Ibídem, Extrajoblanco... cit., p. 61.
[35] Se precede el comentario con una sentencia rabínica: «Cuando entra el vino, sale el secreto.»
[36] Ibídem, El mensaje... cit., p. 15.
[37] Ibídem, Ajoblanco... cit., p 62.
[38] Para Ángel Crespo, traductor al castellano de la Divina Comedia para Barral, 1976, se refiere a una constelación de estrellas cuya figura es parecida al signo que se llama Fortuna Mayor.

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